La última herrería de Puerto Real: así se forjaban las puntillas de los barcos de la Bahía de Cádiz.
La vela latina es una actividad que depende de diversos oficios tradicionales. Ya sea el cosido de velas, la carpintería de ribera o la forja, entre otros, todos ellos son trabajos de suma importancia sin los cuales nuestros botes, y los que los precedieron, nunca hubieran podido navegar.
El pasado mes de abril tuvimos la posibilidad de visitar la que hoy es la herrería más antigua de la Villa de Puerto Real, situada en la calle Ribera del Muelle número 48. Allí, nuestro amigo y herrero Manuel Coria prosigue con el legado de su padre, realizando trabajos mediante técnicas utilizadas desde hace siglos.
Entre todos los trabajos que realizaba la herrería, uno de los más interesantes para nosotros es la fabricación de puntillas, los clavos tradicionales empleados en la construcción naval de madera.
La Herrería Coria abrió sus puertas en 1911. Durante décadas, de la fragua de Enrique Coria, padre de Manuel, salieron y fueron reparadas ruedas para carros de tracción animal, navajas, rezones y miles de puntillas forjadas a mano que terminaron formando parte de viviendas, embarcaciones y construcciones de toda la Bahía. Muchas de ellas aún pueden verse en los marcos de antiguos portones que siguen adornando numerosas casas de la zona.
Las puntillas son los elementos metálicos de sujeción (clavazón) tradicionales utilizados en la carpintería de ribera para unir las piezas de madera del casco y la estructura. En resumen, sin ellas nuestros botes no se sostendrían.
La elaboración de las puntillas puede parecer sencilla, pero es un trabajo que requiere tanto conocimiento como técnica y, por supuesto, mucha práctica.
Cómo se fabrica una puntilla (no intentar en casa).
Una vez caliente la fragua, Manuel introduce la pieza de hierro para llevarla a la temperatura adecuada de trabajo, mientras nos comenta que el tiempo es fundamental: «No hay que dormirse en los laureles», ya que el hierro puede llegar a fundirse, pero tampoco conviene sacarlo demasiado pronto porque «nos lo podemos comer crudo».
Una vez que el hierro alcanza la temperatura adecuada, pasa al yunque. Lo que para cualquiera sería una simple pieza de hierro, en manos de Manuel comienza a transformarse poco a poco.
Cada golpe tiene una función concreta y cada giro de muñeca modifica la forma de la pieza. Poco a poco, a base de martillazos, el hierro va adquiriendo la geometría deseada hasta culminar con la elaboración de la punta.
A continuación, el hierro se vuelve a calentar y se le practican unas marcas con el cincel, sin llegar a cortarlo por completo. Posteriormente, en la clavera (lámina de hierro con orificios de distintos tamaños), se separa con un golpe seco y se procede a formar la cabeza plana de la puntilla.
Antes de admirar la obra terminada, es necesario introducir la puntilla en un bidón con agua o aceite para templarla. Todo ello con sumo cuidado, a menos que quieras llevarte un tatuaje para toda la vida. El resultado final es un cubo lleno de puntillas, cada una ligeramente diferente de las demás.
¡Y así de fácil! Bueno, no tanto. Tras la demostración, llegó el turno de Germán, presidente de la asociación y aprendiz de herrero por un día, que trató de realizar la tarea con mucha determinación, aunque con resultados algo diferentes.
En la actualidad, salvo contadísimas excepciones, ya no se fabrican puntillas en las herrerías. La maquinaria industrial ha desplazado estos procesos tradicionales, permitiendo una fabricación más rápida y económica.
Durante la visita aprendimos que incluso algo tan cotidiano como dejar un martillo sobre el yunque tiene su explicación. Por eso queremos proponerte un pequeño acertijo para que te pongas en la piel de un herrero:
Siendo diestro, ¿Cuál es la manera correcta de colocar el martillo sobre el yunque?
En esta imagen encontrarás la respuesta:
Más allá de las herramientas, las técnicas y las anécdotas, la visita a la Herrería Coria nos recordó la importancia de conservar estos oficios tradicionales. Cada puntilla forjada a mano es una pequeña muestra de un conocimiento transmitido de generación en generación y que forma parte de la historia marítima de nuestra bahía.
Al igual que la carpintería de ribera, la herrería tradicional vinculada al mundo marítimo ha ido desapareciendo con la industrialización, lo que hace aún más valioso encontrar talleres como el de Manuel Coria en pleno funcionamiento.
Conservar estos oficios no consiste únicamente en preservar herramientas y técnicas, sino también en mantener viva la memoria de quienes construyeron, repararon y dieron forma a las embarcaciones que navegaron nuestras aguas.
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